LA PUERTA DE LA FIDELIDAD

Los perros guardianes duermen, a la puerta,
sobre el flanco derecho de su fidelidad.
El amo desmiga el sillón orejero de su calva,
parsimonioso, confiado…
sabiéndose protegido por las fauces salvajes
de los perros fieros
que duermen a la puerta de su fidelidad.
 
                  María Otal
                  24-11-05

¡Que renuncia de mi!

¡QUE RENUNCIA DE MI!
 
Mientras me dabas el amor con una mano,
con la otra,
cortabas las flores que crecían a mis pies.
Me dejabas un paso en delantera
y cruzabas, a mi espalda,
las muñecas todavía amantes.
 
¡Que renuncia de mi!
 
Ni siquiera tus silencios mellaban mi ceguera,
ni tus no besos,
ni tu sexo sin hambre,
ni tu peso de plomo en mi vientre.
 
Desconcía el cuchillo
que dormía en tu cabeza
como una hiena
y tu mano ejecutora
acariciaba en mi pecho
el río caliente de la herida.
 
No hubo tiempo, huíste culpable
mientras te buscaban mis ojos
con la incredulidad del perdón.
 
                       María Otal
                       24-11-05
 

LIBRO DE VISITAS

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Tus brazos y el universo…

 

                               TUS BRAZOS Y EL UNIVERSO…

 

Me abrazas y el  Universo se estremece,

tus brazos son anclas vertebradas

que aguijonean mi silente inquietud,

son porciones de primavera exquisita

dispuestas para mí, impunemente.

Tus manos son el verso táctil, casi invisible,

dónde escuecen los besos aún calientes

y derraman clandestinos licores y elixires.

 

Me besas y el corazón del mundo se resquebraja,

tus labios acunan susurros de voz en rama

que complacen a gritos el temblor de los míos

ya cárdenos, ansiosos y tensos de vital necesidad.

 

Tus ojos son inmensos volcanes estelares

soleados de almíbar y mil te quieros…

leo tus ojos desbocados y mi amor resplandece,

me amas,  y el corcel blanco agoniza

bajo los cascos sagrados del viento.

Puedo ser un sueño

Puedo ser un sueño

fugado del recuerdo

con tara de cualquier despropósito.

Puedo ser sombra, viento, agua,

ser látigo, beso, despedida,

encuentro,

puedo ser frontera y guarida de ladrones

y a la par no ser nada,

no ser nada…

quimera, solo pensamiento.

Yo quisiera ser piedra y habitarte

Yo quisiera ser piedra y habitarte.

noche o dia encelado

de grises,

ser tu sangre,

simiente en tus caderas,

fantasma en los sueños,

asirme a tu pelvis,

moverme

baladas y tangos

y pasodobles.

De los humedales, ánade,

de los nimbos, esa nube,

ser la espada en el descabello

de lo irresistible

y ladrar

gritarte al morir

indisciplinado.

Ser tu semen fértil

en el vientre cuarteado del agua,

la luna, el sol y el horizonte

que señala el sendero

con la mano diestra

de los pasos perdidos.

 

                                  

CUANDO LA CASA TE LLAMA – V

 

 V

 

Habitan, sobre el fondo gris

de la habitación de al lado,

silencios y voces rotas

y miedo bajo el tejado.

 

Hace tanto tiempo,

pero parece que sigue

durmiendo sobre la almohada

la infinita soledad

 

Setenta años, y lloro

porque no supe matar

aquellas torturas viejas

que tuve que soportar.

 

Setenta años perdidos

bajo banderas de nadie,

de una guerra no acabada

                                 que está susurrando al aire.

CUANDO LA CASA TE LLAMA – IV

 

IV

 

En el rincón más profundo

la cama guarda silencio…

 

Hay gritos por la escalera

de niños rotos de hambre,

a la espalda, de pie,

un cristo que se derrama

por la estancia.

 

 No da nada.

 

Su agonía es una burla

de aquélla que es verdadera.

 

Nace la roja esperanza

del manantial de su guerra

y tiene miedo,

        y tiembla,

                y duerme

sobre la rama de un árbol,

en una cama de cierzo,

en una noche cualquiera.

 

Me lloras,  casa, y te lloro

desde mis ojos desnudos

hasta el musgo de la entrada

que desampara los muros

de casa deshabitada.

 

Amanece. Quiero abrir la puerta

porque en mi esperanza llueve,

y la lluvia es vida,

y la vida me muerde.

 

CUANDO LA CASA TE LLAMA – III

 

III

 

No hay nada.

 

Un vacío de olores y jarana,

de cristales y noches en deshora,

de caprichos colgados de una estrella,

de cantos, de silencios, de deshonra,

de una rama que acaricia mi cabeza

mientras lloro y blasfemo

porque el odio me quema.

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